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“Testigos del silencio”, una mirada a la ciencia forense

La obra está lejos de concentrarse en el tradicional género policial. Por el contrario, permite a la autora desplegar sus vastos conocimientos de antropología forense y contribuir en forma decisiva a la investigación.

Por Raúl Rojas González. Periodista, académico y escritor.

El título corresponde a una exitosa novela de Kathy Reichs, norteamericana, doctora en antropología forense, quien comparte exitosamente su especialidad y conocimientos en laboratorios de Estados Unidos y Canadá. 

La trama gira entorno al hallazgo de restos humanos en la ciudad de Quebec. La doctora Temperance Brenan, quien acaba de asumir como directora de su especialidad en Montreal, se encarga del caso, que se presenta inicialmente como un hallazgo de restos históricos de hace siglos. Prontamente, establece que se trata de un crimen reciente, que incluyó descuartizamiento de la víctima y distribución de su cuerpo en bolsas de plástico. 

A partir de su hallazgo y de hechos similares, la especialista forense, en contra de la opinión de la policía y sólo con el apoyo de algunos de sus colegas, inicia una investigación, que incluye intensiva aplicación de sus conocimientos y enfrentamientos muy duros con los detectives a cargo del caso. 

“El desenlace es violentísimo y, como ocurre en el género, precipita y resume en exceso todo el contenido”.            

Raúl Rojas G.

La obra, escrita en primera persona, estilo de narración que no es fácil, está lejos de concentrarse en el tradicional género policial. Por el contrario, el hecho permite a la autora desplegar sus vastos conocimientos de antropología forense y contribuir en forma decisiva a la investigación.

Testigos del silencio, de Kathy Reichs.

En el nudo de la novela, descubre que se trata de asesinatos en serie de mujeres, vinculados a un sórdido mundo en que se combinan la prostitución, la demencia y también la burocracia científica y policial. 

Todo se convulsiona. La policía, escéptica frente a la ciencia, investiga con los métodos tradicionales. Los resultados son pobres.  La doctora Brenan lo hace a partir del rigor científico. Se producen enfrentamientos. 

El libro, desde el punto de vista del estilo, es correcto. Tal vez, por momentos, demasiado abundante. Además, en opinión de este columnista, la especialidad de Kathy Reichs la traiciona y tiende a abundar en descripciones científicas que, si bien interesantes, aburren un poco al lector. Es más, van en desmedro de la acción pura, con ritmo cinematográfico, que es lo que espera el público de hoy.

El desenlace es violentísimo y, como ocurre en el género, precipita y resume en exceso todo el contenido.            

Sin embargo, igual recomendamos el libro para los que quieran incrementar su cultura, más allá de lo habitual. 

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