María Eugenia Uribe.
Por María Eugenia Uribe Casanueva. Presidenta Corporación Cultural Ñuble 21.

En horas de este lunes 1 de junio ha partido un grande en las Letras de Ñuble y Valdivia: Don Carlos René Ibacache.

Nacido en el puerto de Valparaíso en el año 1924, profesor Normalista, miembro de la Real Academia de la Lengua, columnista, cronista, incansable defensor del “bien hablar”, corrector y presentador de libros; muchos de los textos editados por escritores de todo Ñuble pasaron por sus manos para recibir el buen y apropiado consejo.

Prolífico escritor de Ensayos, Crónicas, antologías y Director de Revista Cauce Cultural.

Su primera obra fue un ensayo titulado: “Historias de la Escuela Normal de Valdivia” (1959), le siguen “Influencia Cultural en la Colonización Alemana en Valdivia” (1967); “Antología y Poesía Colegio Concepción” (1979). En 1982 escribe la antología del Grupo Literario de Ñuble, titulada “Florilegio”. Luego vendría el Ensayo “Evolución del Lenguaje Galante” (1987), sólo por nombrar
algunos.

Carlos René Ibacache apoyó con entusiasmo toda creación literaria.
Por su trayectoria recibió numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla Claudio Arrau León de Chillán.

Era tan nutrida su producción escritural que hubo épocas en que publicó dos libros por año, como fue el caso de los años 1998 y 2016. De esto bien conoce el Diario La Discusión de Chillán, pues su imprenta fue la elegida por él para dar vida a sus libros una vez ya radicado en nuestra ciudad.

Carlos René Ibacache, un hombre menudo de estatura física pero gigante en su creatividad.

Aquel sol que nace en oriente estará esperándolo para seguir alumbrando su obra.

Como profesor normalista ejerció en Valdivia y en Chillán.

Eligió nuestra ciudad para establecer su hogar; lo formó con la profesora Albina Gleisner. La conoció en un viaje en tren. Según me contó en una de esas interminables conversaciones que solíamos tener cuando pasaba por su casa, intercambiaron direcciones y comenzó la amistad por carta -como era en aquellos años- y ya nunca más se separo de ella. Así llegaron sus cuatro hijos, tres damas y un varón a sus vidas como padres.

Lo conocí al incorporarme a la institución que él presidía y nació una amistad plena de cariños. Fui aprendiendo de su sapiencia, yo, que sólo pasaba por su casa para saludarlo unos minutos, terminaba corriendo después de dos horas y más para hacer mis trámites.

Solía decirme: “María Eugenia, siempre andas corriendo y dejamos pendiente nuestras conversaciones”. El tiempo se detenía para él y para mí, y sin darnos cuenta corría y corría el puntero del reloj.

Siempre le dije cuánto le quería, se reía y me contestaba, eres correspondida en el cariño María Eugenia. No hace mucho tiempo, le llamé para saber cómo estaba. Se alegró tanto que me quedo tranquila con esa última conversación. Aquel sol que nace en oriente le estará esperando para seguir alumbrando sus creaciones.

Fue fundador de la Corporación Cultural Ñuble 21, la que presidió durante 15 años y a la que asistió regularmente cada mes. Conversador nato, poseedor de un gran vocabulario, el que defendía hasta molestarse con aquellos que lo mal hablaban; poseedor de una paciencia extraordinaria, de voluntad grandiosa para ayudar a quien requería de sus asertivos consejos, solidario y fraterno, ocupado por aquellos que se encontraban mal. En fin, un gran hombre.

Como institución, lamentamos y lloramos tan irreparable pérdida. Carlitos René, descansa en paz.


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