Las publicaciones sobre ataques de animales caseros que morían desangrados por la mordida de una figura “extraña y no humana”, a la que pocos lograban ver pero quienes lo hacían describían con características verdaderamente monstruosas, fueron extendiéndose como el fuego por todo el territorio chileno; desde la localidad de Toconao, en Arica, por el norte, hasta la zona austral de Coyhaique, por el sur; el fenómeno  prácticamente no dejó zona donde no se conocieran o comentaran las andanzas de este ser maligno y hambriento. 

Nace el mito

Imagen de un supuesto chupacabras publicada por Diario La Stampa.

Fue a principios del año 2000, iniciando el nuevo siglo, que en nuestro país se vivió un insólito fenómeno social que provocó enorme preocupación y una verdadera psicosis, sobre todo entre pequeños campesinos que mantenían a animales bovinos, caprinos, porcinos, conejos o aves de corral para su sustento, alimentada a su vez por los medios de comunicación que dieron crédito a toda clase de historias y abrieron sus micrófonos a los más increíbles relatos y teorías sobre el autor de matanzas que fueron atribuidas a la figura mítica del “chupacabras”.  

No obstante, la mayoría de los chilenos comenzó a familiarizarse recién durante este año con aquel “chupacabras”, bautizado así en 1995 en Puerto Rico, con motivo de extrañas muertes de animales registradas de manera inexplicable y a los cuales no se les encontró una gota de sangre. El testimonio que entonces brindó a los medios Madeley Tolentino, que lo describió como a un ser similar a un extraterrestre de baja estatura y protuberancias en su parte posterior, alarmó inmediatamente al público.

Pero la leyenda del chupacabras comenzó a gestarse mucho antes en el inconsciente popular, especialmente en el norteamericano, luego que en 1974 algunos diarios de Dakota del Sur, Colorado y Minessota realizaron publicaciones sobre una seguidilla de matanzas de animales de crianza, una vez más sin una explicación aparente. Su historia creció aún más en México, donde durante la década de los noventas tuvo su época de mayor sugestión colectiva, al transformarse en noticia permanente de los noticiarios a partir de 1996. Así como más tarde ocurriría en Chile, las propias policías tuvieron que reaccionar a una creciente oleada de temor e inseguridad, sobre todo en las áreas rurales, debiendo organizarse para hacer frente a la preocupación ciudadana.

Edición de El Llanquihue de Puerto Montt, del martes 2 de mayo del año 2000.

Ataca en Chile

Ya en nuestro país, el testimonio de una médico veterinario que tras el mortal ataque a cuatro conejos, dos gallinas y nueve pollitos en un domicilio del sector alto de Viña del Mar afirmó que el responsable de la matanza podría ser una especie de murciélago gigante o vampiro mutante que habría ingresado desde Brasil y luego Bolivia, no hizo más que encender la pólvora que terminaron por explotar los medios, que vendían las historias como pan caliente.

En mayo de 2000, los habitantes de la Región de Los Lagos respiraban con cierto aire de tranquilidad al escuchar las alarmantes noticias procedentes de Calama, en el extremo norte del país, cuando el segundo día del mes su paz se trastocaría por completo cuando Mario Mansilla Aguilar, un criancero de la localidad de Los Muermos, distante unos 50 kilómetros de la capital regional, Puerto Montt, denunció la misteriosa matanza de sus siete lechones de unos 15 kilogramos de peso hallados sin una sola gota de sangre en su cuerpo y con marcas de colmillos en su cuello.

Al día siguiente, diario “El Llanquihue” publicó su teoría alternativa de los ataques.

Así lo publicó el Diario “El Llanquihue” aquel martes con el titular “‘Chupacabras’ atacó en Los Muermos”. La información consignada por el matutino incluía en su amplia cobertura del hecho imágenes de las crías de cerdo con los orificios dejados en sus lomos, como también una huella de unos 12 centímetros encontrada al interior de un bosque, a varios metros de la parcela considerada el “sitio del suceso”, en un terreno humedecido por la lluvia. Un veterinario de la zona no tardó en reconocerla como un símil de la pata de un puma chileno o puma del sur de América del Sur, una especie protegida en Chile que baja en ciertas temporadas desde la cordillera de la costa y se adentra en zonas habitadas por el hombre, y deja este tipo de marcas cuando enseña a cazar a sus cachorros. 

Aunque parezca increíble, a pocos kilómetros del lugar y en la misma localidad, pero en un sector llamado Los Canelos, el agricultor Hernán Peña, quien se radicó a mediados de los ochenta en dicha zona, mantenía en cautiverio en su hogar a uno de estos animales de naturaleza salvaje viviendo como una amena mascota. Sin embargo, este felino, fuertemente resguardado del exterior, tenía su coartada. 

En internet existen ilustraciones del supuesto ser con características monstruosas.

Con el correr de los días, y la creciente cobertura mediática, más parceleros acusaron la muerte de sus animales, los que atribuían tal acto al ser mitológico de moda, pero que prontamente los expertos explicarían con teorías más terrenales, como jaurías de perros o el temido visón, un carnívoro de la familia de los mustélidos que habita y se reproduce preferentemente entre los humedales, el cual fue introducido en el país proveniente de Estados Unidos entre los años 1930 al 1970, y que en la actualidad constituye una verdadera plaga en los hábitats más húmedos entre Valdivia y Osorno.En los tiempos que corren las personas pueden fácilmente cotejar cualquier información y establecer la plausibilidad de un hecho con muchos más elementos de juicio contrastables, pero en los albores del siglo de las comunicaciones globales digitales, el año 2000, en nuestro país la penetración de internet llegaba al 18,9% y las redes sociales no tenían el impacto y la masividad de hoy, por lo que los medios tradicionales vendían estas noticias gracias a un público cautivo que las consumía sin cuestionar demasiado. ¿Podría por tanto repetirse hoy un fenómeno mediático como el del chupacabras o lo atribuiríamos sencillamente a una sicosis colectiva y descartaríamos como una “Fake News”?

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