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Un chileno llega a Marte con el rover “Perseverancia”

Junto a mi viajan los nombres de un grupo privilegiado de habitantes de la Tierra que pasarán a la historia de los viajes interplanetarios como los primeros exploradores humanos en Marte. Entre mis acompañantes está un chileno: Germán Martínez-Calderón, periodista de Chillán.

Hoy se cumplen seis meses y diecinueve días desde que despegué de Cabo Cañaveral, en Florida, rumbo al planeta Marte. Me bautizaron como “Perseverancia” y soy el robot con más tecnología que se ha construido en la historia de la humanidad.

Mi misión es buscar señales de que Marte tuvo las condiciones apropiadas para albergar vida, y encontrar vestigios de vida microbiana pasada. También recolectaré muestras del suelo marciano que serán enviadas a la Tierra en una misión futura.

Junto a mi viajan los nombres de un grupo privilegiado de habitantes de la Tierra que pasarán a la historia de los viajes interplanetarios como los primeros exploradores humanos en Marte. Con ellos a bordo no me agobia tanto la soledad ni la oscura inmensidad del espacio profundo.

Entre mis acompañantes está un chileno: Germán Martínez-Calderón, Periodista para más señas, que me abruma con sus preguntas y que cuestiona cada una de mis respuestas, imagino que igual como lo haría su versión humana que vive expectante en una ciudad de Chile llamada Chillán.

La NASA ofrece una retransmisión en español para el aterrizaje del Rover Mars Perseverance.

EN VIVO: Sigue el aterrizaje de “Perseverance” en Marte.

En el Planeta Rojo
La nave se abre paso velozmente entre la materia gaseosa común en todo el Universo y compuesta de radiación electromagnética, partículas cósmicas, neutrinos sin masa e incluso formas de materia no bien conocidas, como la materia oscura y la energía oscura.

Afuera de la nave reina un gélido silencio con temperaturas que caen rutinariamente a 270 grados bajo cero. En el espacio profundo el día y la noche, tal cual los concebimos en la Tierra, no existen. El cielo es totalmente negro y puedo ver estrellas y galaxias que ningún ojo humano podría avizorar desde la Tierra. Y, paradójicamente, el Sol brillando frente a mi con mas fuerza que nunca.

A medida que avanzamos en dirección al Planeta Rojo la Tierra se torna un pequeño punto azul en medio del espacio: mi hogar donde nací y al cual más nunca volveré porque la mía es una misión sin retorno.

Otro de mis acompañantes es un joven venezolano, de 19 años de edad. Se llama Lixandro Aguilera Torres y no solo es un avezado estudiante de Ingeniería en Automatización, sino también un connotado compositor y cantante de música urbana, conocido como “J. Towers”.

Al cruzar la constelación de Aries y quedar en conjunción con Urano me embelesé con una de sus canciones titulada “Sería Capaz”. “¿Seré capaz” -me pregunto a mí mismo-, “de llevar a buen puerto todos los experimentos que se me han confiado y de los cuales depende el destino de las primeras misiones tripuladas?”.

Volando en otros mundos
Este 18 de febrero aterrizaré en el cráter Jezero del Planeta Rojo, una depresión que mide 45 kilómetros de ancho y que se formó hace 3.500 millones de años cuando un gran asteroide chocó con Marte, levantando rocas de las profundidades de la corteza del planeta.

Con la ayuda del primer radar de penetración terrestre en la superficie marciana buscaré pistas sobre entornos pasados en Marte, especialmente aquellos que pueden haber proporcionado las condiciones necesarias para sustentar la vida.

Los instrumentos que llevo a bordo también caracterizarán el clima y la geología ancestrales de Marte y allanarán el camino para la exploración humana del Planeta Rojo.

Otra de las joyas tecnológicas que viajan conmigo es un pequeño helicóptero llamado “Ingenuity”, gracias al cual se probará el vuelo motorizado en otro mundo por primera vez en la historia de la humanidad.

Para siempre jamás este será mi nuevo hogar y el de los nombres humanos que me acompañan.

Para siempre jamás
Frente a mi están Fobos y Deimos, las dos lunas de Marte. Ellas serán mudos testigos de mi vida en el Planeta Rojo hasta que dentro de siete años otra nave terrestre surque los cielos marcianos en búsqueda de las muestras geológicas que recolectaré durante mi travesía planetaria.

Para siempre jamás este será mi nuevo hogar y el de los nombres humanos que me acompañan. Desde este mundo, con años de 668 días, temperaturas diarias de 50 grados bajo cero y una atmósfera irrespirable compuesta principalmente por dióxido de carbono, me seguiré maravillando con la magia del Universo.

Durante milenios, el cielo perteneció solo a Dios y a la religión, y los eruditos, de Newton a Einstein, enmarcaron su búsqueda científica como una investigación de lo divino. Es verdad que la religión y la ciencia se separaron hace cientos de años. Pero al mirar el cosmos veo que es glorioso en su belleza y en su complejidad y esa gloria es solo un destello de la gloria de Dios, de su belleza y de su complejidad.


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